La compra de trabajos académicos se ha convertido en una práctica común entre estudiantes, es decir, pagarle a otra persona para que escriba un trabajo que se presenta como propio.

Más allá de que se contrate a un compañero de clase o a una empresa que venda producciones académicas, el accionar constituye una forma de plagio, considerado por algunos profesores y directores de instituciones educativas como una de las formas más graves de cometerlo.

Es por ello que en el ámbito académico, las instituciones educativas suelen implementar políticas destinadas a enfrentar casos de plagio, incluyéndolo dentro sus reglamentos internos como un grave incumplimiento de las normas académicas, acarreando consecuencias en ese ámbito.

En Colombia, el plagio académico está tipificado como delito en el artículo 270 del Código Penal.

Según Bibiana Cala, asociada Senior de la firma global de servicios legales Baker Mckenzie “El concepto de derechos morales de autor debe entenderse no sólo como la facultad del autor de una obra para explotarla económicamente, sino también como la facultad de reivindicar su autoría o paternidad”.

Uno de los tantos argumentos que usan los estudiantes para sostener dicha práctica, es que el contenido del trabajo fue entregado en acuerdo por su autor original, por lo tanto eso lo convierte en un hecho éticamente aceptable dado que esta circunstancia “no afecta al autor original”. Sin embargo, la compra de un ensayo no garantiza que usted sea el dueño del mismo.

Yuliana Salamanca, asociada Senior de Baker Mckenzie explica que “La protección que brinda el derecho de autor, no está subordinado al cumplimiento de ninguna formalidad (v.gr. registro, depósito, mención de reserva del derecho, certificado notarial, etc.). En consecuencia, la omisión del registro o de cualquiera de tales formalidades no impide el goce o el ejercicio del derecho de autor.”

“Además, una obra literaria o artística se entiende protegida por el derecho de autor, independientemente del soporte en que ella esté plasmada o la forma en que ésta haya sido expresada”, señala.

Esto quiere decir que, aunque se haya pagado por el contenido creado por un tercero y éste lo haya entregado como un servicio, ese contenido continúa perteneciendo al autor que en cualquier momento puede reclamar su autoría o hacer explotación comercial de dicho producto, y no, a quién pagó por él.

Para contribuir en la gestión de profesores e instituciones educativas que trabajan en minimizar el riesgo de plagio, Turnitin, una plataforma que ofrece servicios para mitigar el riesgo de plagio académico y profesional, funciona como herramienta de apoyo aportando una mirada ética de la producción académica.

La herramienta posee la capacidad de comparar trabajos académicos con diversas bases de datos para evaluar la similitud de su contenido y dotar de herramientas a docentes y estudiantes para mejorar la calidad y originalidad en las producciones académicas.

Turnitin lleva 20 años sirviendo a más de 18 mil instituciones de enseñanza en todo el mundo tales como: Universidad de Oxford, Universidad de Harvard, Universidad de Stanford, Universidad de las Américas, Universidad de los Andes, Universidad Nacional, Universidad del Rosario, Universidad Santo Tomás, Universidad Jorge Tadeo Lozano estas últimas en Colombia.

Turnitin cuenta con presencia internacional, brindándole a las universidades la posibilidad de dejar de ser unidades aisladas para ser parte de una red. La misma tiene su sede en Oakland, California, con oficinas internacionales en Ecuador, México, Reino Unido, Holanda, India, Australia y Corea.

Fuente: Luisa María Amaya, Ejecutiva de Cuentas, GJ Comunicaciones

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