Como cada año, vuelven las rebajas de enero y con ellas las múltiples denuncias que los consumidores trasladan a Legálitas, sin duda uno de los “momentos legales del año”, poniendo de manifiesto las más variadas malas prácticas en las que algunos pueden incurren con tal de conseguir elevar su nivel de ventas y que, en algunos casos, pueden llegar a ser consideradas estafas. Para no sufrir estas situaciones desagradables, desde Legálitas alertamos sobre los más frecuentes y explicamos cómo reclamar si se ha sido víctima de uno de ellos.

Precios falsos o inventados

Debemos fijarnos con especial cuidado en las etiquetas de los productos supuestamente rebajados. Los comerciantes están obligados por ley a indicar en la etiqueta el precio inicial y el precio rebajado. En ocasiones, los vendedores recurran a elevar los precios anteriores a las rebajas para que así sea mayor la diferencia con el precio rebajado, inventando falsos precios anteriores, o incluso, llegando a encontrar etiquetas en las que el precio final rebajado supera al precio inicial del producto. Hoy en día, gracias a las redes sociales, se ponen de manifiesto este tipo de prácticas para tratar de evitar que el consumidor caiga en estos engaños.

Prendas de exclusiva venta en las rebajas

También, nos puede ocurrir que entremos en un establecimiento y que, aunque nos empleemos a fondo en buscar esa prenda que teníamos “fichada” en diciembre, no la encontremos ahora o, incluso, que aparezcan prendas creadas con la exclusiva finalidad de ser vendidas en rebajas, con un coste de fabricación y unas calidades muy inferiores a las habituales, que pueden venir acompañadas de un precio en su etiqueta que tampoco ha sufrido esa rebaja.

La Ley del Comercio Minorista dispone que los productos ofertados en las rebajas tienen que haber formado parte de la oferta habitual del establecimiento durante al menos un mes y la calidad tiene que ser la misma que antes de estar rebajados.

Para poder publicitar que una tienda está de rebajas es requisito legal que al menos la mitad de los artículos tengan descuentos, si bien, la ley no impone un porcentaje de descuento mínimo obligatorio para que ese objeto pueda anunciarse como rebajado.

Confundir saldos con rebajas

Los productos deteriorados que se pongan a la venta informado sobre su estado y a precios muy inferiores por el hecho de tener algún defecto o tara, no podrán ser considerados como “rebajas”, puesto que se trata de “saldos”, y su compra por parte del cliente será aceptando de manera consciente tal condición y sin posibilidad de reclamar por ese motivo.

Cuidado con lo que recibes

En ocasiones, puede que, por error, el cliente reciba un producto diferente al comprado, ya sea de distintas características técnicas, el estado del mismo o que realmente no sea nuevo sino usado. Por eso hay que comprobar siempre el embalaje, sus pegatinas y los accesorios
suministrados.

Solo ofrecer el “vale de compra”

Si el producto está incluido en rebajas, pero está deteriorado o defectuoso y no pueden
cambiarlo por otro igual, tendremos derecho a que nos devuelvan el dinero, aunque lo hayamos
comprado en rebajas y sin que nos puedan imponer el famoso “vale de compra”.
En cambio, si hemos comprado un producto y después queremos descambiarlo, solo podremos
hacerlo si previamente el establecimiento lo había anunciado, pues en otro caso no están
obligados a descambiarlo. El cambio no es una obligación del establecimiento, es solo una
cortesía comercial.

Negarse al uso de tarjetas

Por el mero hecho de estar comprando en rebajas no pueden negarse a la utilización de la tarjeta
de crédito si antes de las rebajas admitían dicho medio de pago. Eso sí, la ley permite al
comerciante fijar una cantidad mínima para admitir como medio de pago las tarjetas de crédito.

¿Cómo reclamar?

Para poder reclamar es muy importante conservar el ticket de compra en el que aparezcan los
datos del comercio, CIF, precio, IVA, y en caso de que nuestros derechos se vean lesionados,
debemos solicitar una Hoja de Quejas y Reclamaciones. Este tipo de reclamaciones se suelen
realizar en Consumo, pero en aquellos casos en los que nos encontremos ante un ilícito penal,
podremos denunciar el delito de estafa en el juzgado de guardia del lugar de los hechos o bien
ante la policía nacional o la guardia civil.

Pero …a qué llamamos estafa

No cualquier engaño es constitutivo de delito de estafa. Siempre que nos sentimos engañados
es muy habitual que equiparemos ese engaño al delito de estafa y esto solo es así en ciertos
casos. El código penal define el delito de estafa en el artículo 248 cuando nos dice que “cometen
estafa los que, con ánimo de lucro, utilizaren engaño bastante para producir error en otro,
induciéndolo a realizar un acto de disposición en perjuicio propio o ajeno” y ese elemento del
engaño bastante hace que solo en casos muy específicos estemos ante un delito penal.

Es decir, el estafador tiene que actuar desde un principio con la clara intención de querer
engañar vendiendo lo que no es. Pongamos por caso que se oferta un abrigo de visón que antes
costaba tres mil euros y ahora se ofrece rebajado al cincuenta por cien, cuando en realidad ni
siquiera es de piel, si bien el producto viene con la etiqueta y documentación falsificada
simulando ser de piel. Aquí estaríamos ante una clara estafa penal denunciable y que daría lugar
a un proceso penal, pudiéndose imponer al culpable una pena de prisión de seis meses a tres
años cuando la estafa supere los 400 euros (hasta 400 euros será delito leve castigado con multa)
o si es una persona jurídica o empresa la que comete el delito, se vería condenada muy
probablemente a una pena de multa.

Por el contrario, si me venden un abrigo de piel con un precio que en rebajas es superior al precio
que tenía ese mismo abrigo en temporada, el engaño será tan burdo que no cumplirá el
requisito del “engaño bastante” del que habla el código penal, y no existirá estafa, aunque eso
no evitará que podamos ejercer nuestros derechos en vía civil o a nivel de consumo.

Fuente: Legálitas

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Fuente: Diario Jurídico